Melodía triste de Navidad

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Día 25, Navidad. Sube el telón y empieza un show que en realidad comenzó casi un mes antes. Me siento a observar como caen las hojas del calendario hasta el día 31. A mi izquierda mi amiga soledad y a mi derecha mi amiga la desesperanza. Imagino como caería la nieve, que hace tiempo desapareció anunciando un mal presagio.

El año se precipita a un final y luego al principio de algo nuevo que no es más que lo mismo repitiéndose una y otra vez. El tiempo solo termina en la mente de los hombres, estamos atrapados en él.

En las calles, iluminadas por luces infinitas y la falsa alegría, flota una melodía triste de navidad, apenas perceptible pero que no queda oculta a los ojos de quien sabe mirar y que el ambiente no termina por conseguir callar, volviendo negra el alma y carcomiendo los restos de la inocencia que queda.

Lágrimas por los que ya no están, sillas vacías, recuerdos que vuelven de las cenizas. El Dios del dinero y el consumismo como única religión para ahogar las penas, la felicidad impuesta, falsos deseos, palabras necias y un niño que llora al abrir su regalo y comprobar lo que hay dentro.

Christmas 2006

Debajo de un abeto seco, cruelmente arrancado de la tierra, hay una caja dorada, un regalo envuelto con sueños que se desvanecerán al soltar el lazo, semienterrado entre las hojas caidas del árbol que llora. Dentro tan solo contiene el vacío, el final de un año yermo y de todos los años perdidos que hubo antes.

El año termina por la noche, justo a las doce, cuando mejor funciona el serrín que hay en mi cerebro, cuando más consciente soy del transcurso del tiempo.

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