Una generación pillada por los huevos

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Artículo 47 de una constitución anticuada; “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.”

Dicho ahora parece un chiste de Eugenio; “saben aquel que diu de un artículo de la constitución…(trago al kas de naranja)… que dice que los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna… (risas del publico)…”. Incluso podríamos tildar a la constitución de “libro de chistes”, solo alterable a conveniencia de unos pocos poderosos. La dejadez en el cumplimiento del artículo 47 y la especulación inmobiliaria ha elevado el precio de la vivienda a precios inalcanzables. Si al precio de la vivienda le sumamos el nivel de paro existente, tenemos dos cuchillos cortando cualquier perspectiva de dignidad en el futuro de toda una generación.

Y no hablamos de una generación de ignorantes, más bien de una generación en la que abundan los universitarios que cuando terminan los estudios ven como todos sus títulos pasan a ser meramente ornamentales y se ven abocados al paro o al mil eurismo en trabajos basura infinitamente inferiores a su cualificación. Así, pasan a formar parte o de la exclusión social que supone el paro o de un sistema neo-esclavista en “curritos” insoportables con jornadas laborales interminables y con el jefe como único dios poseedor de la potestad de devolver al paro a quien decida.

Al neo-esclavismo se le añade el hecho de que trabajar de sol a sol por mil euros no confiere acceso a la vivienda dado su elevado precio, lo cual les deja atrapados en el hogar paterno o en alquileres suicidas. Para acceder a una vivienda de 40m2 miserables hacen falta dos sueldos y una hipoteca que los bancos convenientemente alargan hasta los 50 años.

La necesidad de dos sueldos ha dado un vuelco radical al concepto de matrimonio. Si antiguamente el factor coercitivo que mantenía unido un matrimonio eran las creencias religiosas o el estado a través del matrimonio civil, hoy en día ya no. Los valores religiosos están de capa caída y las antiguas demandas de divorcio ahora son simples peticiones, con lo que el único factor coercitivo que mantiene unido un matrimonio es la hipoteca a 50 años y la imposibilidad de emprender una nueva vida. Así, nos encontramos con “matrimonios por el banco” como forma de hacer causa común ante la hipoteca y la fundación de una familia.

Igualmente aparece la figura del individuo “pisógino” que reniega de cualquier relación afectiva que implique “compropiso” convirtiendo a la vivienda en un eficaz anticonceptivo, agravando el descenso demográfico y el aumento de los llamados “impares” o solteros, en terminología moderna, dadas las consecuencias que acarrea lo contrario.

El consecuente aumento del beneficio bancario y la aparición de inmensos centros comerciales en los extrarradios está haciendo desaparecer el pequeño comercio de las calles, en las que empiezan a quedar tan solo oficinas bancarias e inmobiliarias y las nuevas ciudades dormitorio se convierten en lugares horribles y aberrantes con inmensas moles de hormigón en las que se hacina la gente.

Por último, la pasividad de los sucesivos gobiernos termina de apuntillar a una generación pillada por los huevos sin ninguna esperanza de futuro. Gobierno tras gobierno se falsean los indicadores económicos; la inflación no existe, cuando todo el mundo sabe que lo que antes costaba 100pts ahora cuesta un euro. El paro, que solo contabiliza a los inscritos, no existe, cuando podría haber 10 millones de inmigrantes sin papeles sin trabajo y otros 20 millones de nativos abocados al trabajo basura y a la temporalidad. El problema de la vivienda apenas existe y se soluciona sorteando de cuando en cuando 1200 viviendas de protección oficial a las que se aspira en tandas de 56000 personas cada vez.

Todavía hay quien señala con el dedo acusando de generación conformista incapaz de rebelarse pero, ¿a caso es necesario una revolución violenta para que se produzca un relevo generacional? ¿debe la cría devorar a su madre para poder subsistir?.

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