A José Couso no lo mató solo un tanque americano

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Robert Capa, fotógrafo de origen húngaro (Budapest, 22/10/1913), inauguró el periodismo moderno de guerra en 1936 durante la guerra civil española, al relatar y fotografiar el conflicto desde primera línea de fuego. Él mismo postulaba que si un reportaje gráfico no era bueno era porque no se estaba lo suficientemente cerca de la acción. A pesar de que esta filosofía casi le cuesta su empleo en numerosas ocasiones, al no poder entregar sus artículos a tiempo precisamente por emplazarse en el mismo frente, siguió poniendo en práctica sus ideas durante la segunda guerra mundial llegando a desembarcar en Omaha Beach durante el día D y viajando posteriormente a Vietnam, donde finalmente encontró la bala que al parecer buscaba cuando pisó una mina y perdió la vida.

Medio siglo después su escuela sigue más vigente que nunca ya que hoy en día la guerra se ve desde el salón de casa en vivo y en directo, en “prime time” entre palomita y palomita mientras las bombas llueven en algún lejano lugar. La diferencia es que en casa los canales de televisión disputan otra guerra, la de audiencias y la cadena que no ofrece imágenes espectaculares pierde espectadores y en consecuencia ingresos por publicidad.

Por otro lado el espectador está acostumbrado a ver la guerra en películas donde el protagonista del film siempre sale indemne de heroicos momentos e incluso observa en pie el frente mientras las balas silban a su alrededor sin tocarle como si fuera Cristo caminando sobre las aguas o un personaje catastérico.

En una situación parecida debía encontrarse José Couso, cámara de tv subcontratado por una mayoritaria cadena de televisión para cubrir la segunda guerra de Irak. Durante la batalla de Bagdad permaneció en el Hotel Palestina junto a su compañero Jon Sistiaga, a pesar de que el resto del equipo decidía ser evacuado. El 8 de Abril del 2003, mientras los tanques americanos avanzaban por la ciudad abriéndose camino a cañonazos y el ejercito iraquí trataba en vano de contener la invasión, Couso, cual película hollywoodiense salió al balcón de su habitación del hotel para colocar una cámara de tv y grabar los acontecimientos. En aquel mismo instante, en una calle cercana, dentro de un tanque estadounidense probablemente se oían las balas enemigas rebotando sobre el blindaje y probablemente, en un momento dado, un nervioso sargento debió anunciar “antitanque enemigo a las tres en punto”. La torreta giró contestando “blanco localizado, coordenadas 302, fuego!”, poco después del impacto se oía un “despejado!” y el tanque seguía avanzando atareado por su ruta asignada, sin más, tan solo rutina de guerra. Aquella andanada mataba a Taras Protsyuk, periodista ucraniano de la agencia Reuters y hería mortalmente a José Couso que moriría poco después en el hospital dejando viuda y dos hijas.

Omaha Beach fotografiada por Robert Capa

Pues bien, el 19/10/2005 la Audiencia Nacional emitió una orden internacional de detención contra los tres militares tripulantes del tanque en cuestión. Ni más ni menos; una republica bananera pero con el poder judicial separado del poder ejecutivo y en la que se delinque impunemente a pesar de estar plagada de jueces estrella (ver por ejemplo los casos del ladrillazo o los asaltos en Cataluña), ordenaba la detención de tres militares miembros del ejercito más poderoso del mundo, primera potencia mundial, por disparar sobre unos periodistas que se encontraban en pleno frente durante una guerra a miles de kilómetros en un lejano país. Con dos pelotas. Como si se los fueran a entregar. Habría que ver que hubiera pasado si el tanque hubiera sido iraquí pero bueno, uno se pregunta ¿a quien quieren tomar el pelo?.

Para empezar la tripulación de un tanque en medio de una guerra no es más que carne de cañón cumpliendo ordenes y todos sabemos que en el ejercito hay una cadena de mando estricta. Los soldados hacen lo que les ordenan sus oficiales y los oficiales ordenan hacer a sus soldados lo que les mandan sus generales, estos obedecen a su estado mayor y en última instancia al gobierno de su país. “Malditas sean todas las guerras y los que las promueven” decía Julio Anguita tras perder a su hijo en ese mismo conflicto, en una de las pocas frases sensatas que se escuchó por aquel entonces.

A ver si nos tenemos que creer ahora que los tres “tanquistas” decidieron por iniciativa propia liquidar a dos periodistas expresamente cuando estaban liquidando todo lo que tenían por delante, que para eso los mandaron, o que el mando americano ordenó disparar contra la prensa internacional para quedar bien. Sea como fuere los militares de cualquier ejercito del mundo no responden ante la justicia ordinaria civil y menos extranjera, responden ante la justicia militar de sus propios ejércitos y suponiendo que el caso sentase “jurisprudencia retroactiva”, si tal cosa existiese, tendríamos que juzgar a millones de militares que han asesinado a civiles en incontables guerras a lo largo de la historia. La guerra en si ya es un crimen que nos remite de nuevo a las sabias palabras de Julio Anguita.

Por otro lado, ¿qué hay de los responsables de la cadena de televisión para la que trabajaba Couso? ¿por qué no le ordenaron firmemente abandonar Bagdad antes de la batalla? ¿qué había tan interesante que grabar? ¿una matanza? ¿hace falta emitir en vivo y en directo las carnicerías de una guerra? ¿hace falta carne fresca para mantener las audiencias? ¿colocarías a tus reporteros en Hiroshima sabiendo que iba a caer la bomba atómica?. Ahhhh! que los mandos de ambos ejércitos ya sabían que había periodistas en el Hotel Palestina. Se van a matar entre sí y tu te pones en medio del campo de batalla y les dices “podéis mataros ahí pero aquí no que estamos nosotros filmando”. Y gracias a dios que el enemigo de alguno de los dos bandos no decidió atrincherarse en dicho hotel porque sino el edificio se habría convertido en un objetivo militar aunque estuviese dentro el mismísimo papa escribiendo una encíclica pacifista.

Tampoco parece que haya trascendido demasiado el hecho de que Couso no tenía ni empleo fijo en tal cadena de tv y que era de una subcontrata. Vamos, que visto desde cierto punto de vista se dejó matar por un trabajo basura como otro cualquiera, solo que este de mayor riesgo. Resulta que hoy en día la precariedad laboral afecta hasta a los corresponsales de guerra. Insólito.

Así las cosas, a fecha de este blog la farsa continua queriendo malamente tapar toda la hipocresía que hay detrás de este asunto. A José Couso no solo lo mató un tanque americano, lo mató la sociedad-sistema aberrante en la que estamos que promueve guerras, que las comercializa y que luego trata de tapar sus propias miserias con payasadas como esta. Nos toman por tontos.

Actualización 21-04-08; el esperpento continua 5 años después. Ahora resulta que la fiscalia acaba de exculpar a los tres militares estadounidenses que estaba judgando. Según el diario 20minutos “la Fiscalía, que presentó una recurso de apelación hace casi un año contra la decisión del juez Santiago Pedraz de procesar por asesinato a los tres militares, ha argumentado que la actitud del sargento Thomas Gibson y sus superiores, el teniente coronel Philip de Camp y el capitán Philip Wolford, no fue indiscriminada ni existió intencionalidad en su conducta. Igualmente, considera que no se dan los delitos de asesinato con alevosía y contra la comunidad internacional”.

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