Alejandra Pizarnik – Extractos

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Lo que anoté mientras leía a Alejandra Pizarnik. Junto a Octávio Paz esta autora es una de mis favoritas actualmente. Su excepcional trabajo concluyó lamentablemente en 1972 tras suicidarse ingiriendo 50 pastillas de seconal sódico.

Aunque nacida en Argentina, de padres emigrantes centroeuropeos, su estilo de prosa poética lo desarrolló en Paris, donde conoció a otros autores ilustres del género como Octávio Paz, quien escribió el prologo para su obra “Arbol de Diana”.

A causa de continuas depresiones y tentativas de suicidio, estuvo recluida desde 1970 hasta 1972. Cinco meses antes de su trágico final fue internada en una institución mental.

Extracción de la piedra de locura, extractos

Los ausentes soplan y la noche es densa. La noche tiene el color de los párpados del muerto.
Adentro de tu máscara relampaguea la noche. Te atraviesan con graznidos. Te martillean con pájaros negros. Colores enemigos se unen en la tragedia.

Grises pájaros en el amanecer son a la ventana cerrada lo que a mis males mi poema.

las damas vestidas de rojo para mi dolor y con mi dolor insumidas en mi soplo, agazapadas como fetos de escorpiones en el lado más interno de mi nuca

Vigilas desde este cuarto
donde la sombra temible es la tuya.
No hay silencio aquí
sino frases que evitas oír.
Signos en los muros
narran la bella lejanía.
(Haz que no muera
sin volver a verte.)

Sonidos de lo que destruye el viento. Llegan a mí como si yo fuera el corazón de lo que existe. Quisiera estar muerta y entrar también yo en un corazón ajeno.

La luz mala se ha avecinado y nada es cierto. Y si pienso en todo lo que leí acerca del espíritu… Cerré los ojos, vi cuerpos luminosos que giraban en la niebla, en el lugar de las ambiguas vecindades. No temas, nada te sobrevendrá, ya no hay violadores de tumbas. El silencio, el silencio siempre, las monedas de oro del sueño.

De repente poseída por un funesto presentimiento de un viento negro que impide respirar, busqué el recuerdo de alguna alegría que me sirviera de escudo, o de arma de defensa, o aun de ataque.

busqué en todas mis memorias y nada, nada debajo de la aurora de dedos negros.

No quiero más que un silencio para mí y las que fui, un silencio como la pequeña choza que encuentran en el bosque los niños perdidos.

Sin el perdón de las aguas no puedo vivir. Sin el mármol final del cielo no puedo morir.
En ti es de noche.

Briznas, muñecos sin cabeza, yo me llamo, yo me llamo toda la noche. Y en mi sueño un carromato de circo lleno de corsarios muertos en sus ataúdes. Un momento antes, con bellísimos atavíos y parches negros en el ojo, los capitales saltaban de un bergantín a otro como olas, hermosos como soles.

Como una voz no lejos de la noche arde el fuego más exacto. Sin piel ni huesos andan los animales por el bosque hecho cenizas. Una vez el canto de un solo pájaro te había aproximado al calor más agudo. Mares y diademas, mares y serpientes. Por favor, mira cómo la pequeña calavera de perro suspendida del cielo raso pintado de azul se balancea con hojas secas que tiemblan en torno de ella. Grietas y agujeros en mi persona escapada de un incendio. Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable mixtura. Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando así de rodeada de muerte. Y es sin gracia, sin aureola, sin tregua. Y esa voz, esa elegía a una causa primera: un grito, un soplo, un respirar entre dioses. Yo relato mi víspera, ¿Y qué puedes tú? Sales de tu guarida y no entiendes. Vuelves a ella y ya no importa entender o no. Vuelves a salir y no entiendes. No hay por donde respirar y tú hablas del soplo de los dioses.

Vendrás a mí con tu voz apenas coloreada por un acento que me hará evocar una puerta abierta, con la sombra de un pájaro de bello nombre, con lo que esa sombra deja en la memoria, con lo que permanece cuando avientan las cenizas de una joven muerta, con los trazos que duran en la hoja después de haber borrado un dibujo que representaba una casa, un árbol, el sol y un animal.

El sueño demasiado tarde, los caballos blancos demasiado tarde, el haberme ido con una melodía demasiado tarde.

La luz, el vino prohibido, los vértigos, ¿para quién escribes? Ruinas de un templo olvidado. Si celebrar fuera posible.

El infierno musical, extractos;

Piedra fundamental

No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del tiempo. Un canto que atravieso como un túnel. Presencias inquietantes, gestos de figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje activo que las alude, signos que insinúan terrores insolubles.

Una vibración de los cimientos, un trepidar de los fundamentos, drenan y barrenan, y he sabido dónde se aposenta aquello tan otro que es yo, que espera que me calle para tomar posesión de mí y drenar y barrenar los cimientos, los fundamentos, aquello que me es adverso desde mí, conspira, toma posesión de mi terreno
baldío,
no,
he de hacer algo,
no,
no he de hacer nada,
algo en mí no se abandona a la cascada de cenizas que me arrasa

una noche inmensa inmersa en el sigilo de los pasos perdidos.

¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo fragmentado.

Esta espectral textura de la oscuridad, esta melodía en los huesos, este soplo de silencios diversos, este ir abajo por abajo, esta galería oscura, oscura, este hundirse sin hundirse.

Estoy triste en la noche de colmillos de lobo.

Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje; alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.

pepitas de oro negro resonantes como gitanos de duelo tocando sus violines a orillas del mar Muerto y un corazón que late para engañar y una rosa que se abre para traicionar y un niño llorando frente a un cuervo que grazna, y la inspiradora se enmascara para ejecutar una melodía que nadie entiende bajo una lluvia que calma mi mal. Nadie nos oye, por eso emitimos ruegos,

Voces, rumores, sombras, cantos de ahogados: no sé si son signos o una tortura. Alguien demora en el jardín el paso del tiempo. Y las criaturas del otoño abandonadas al silencio. Yo estaba predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales. Yo ya no existo y lo sé; lo que no sé es qué vive en lugar mío. Pierdo la razón si hablo, pierdo los años si callo. Un viento violento arrasó con todo. Y no haber podido hablar por todos aquellos que olvidaron el canto.
Alguna vez, tal vez, encontraremos refugio en la realidad verdadera. Entretanto ¿puedo decir hasta qué punto estoy en contra? Te hablo de la soledad mortal. Hay cólera en el destino porque se acerca, entre las arenas y las piedras, el lobo gris. ¿Y entonces? Porque romperá todas las puertas, porque sacará afuera a los muertos para que devoren a los vivos, para que sólo haya muertos y los vivos desaparezcan. No tengas miedo del lobo gris. Yo lo nombré para comprobar que existe

El árbol de diana, extractos

cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

Salta con la camisa en llamas
De estrella a estrella.
De sombra en sombra.
Muere de muerte lejana
La que ama al viento.

estas palabras como piedras preciosas
en la garganta viva de un pájaro petrificado,

Días en que una palabra lejana se apodera de mí.

en la noche
un espejo para la pequeña muerta
un espejo de cenizas

Extractos del diario de Alejandra Pizarnik

7 de Diciembre de 1952 Mi soledad maúlla. La tapo con promesas vagas. Mentir, sí.Algún día encontrarás este diario y será antiguo, algún día verán mis fotos y se reirán de la moda actual. El vanguardismo será clasisismo y otros jóvenes reveldes se reirán de él. Pero… ¿es posible soportar esto? Quiero morir. Tengo miedo de entrar al pasado. Pienso en alguna mujer de mi edad de hace un siglo. ¿Qué hacía cuando estaba angustiada? ¿Qué?

París, 1960

1 de Noviembre Falta mi vida, falto a mi vida, me fui con ese rostro que no encuentro, que no recuerdo.

18 de diciembre Noche crucial. Noche en su noche. Mi noche. Mi importancia. Mí misma. La asfixiada ama la ausencia del aire. Memorias de una náufraga. Sueños de una náufraga. Qué puede soñar una náufraga sino que acaricia las arenas de la orilla.

21 de diciembre Anoche tomé agua hasta las tres de la madrugada. Estaba un poco ebria y lloraba. Me pedía agua a mí como si yo fuera mi madre. Yo me daba de beber con asco.

23 de diciembre El bosque estaba oscuro. Por eso las hojas suspendidas de las ramas amenazaban con un color negro, no verde. “Es mentira todo”, pensé, “hasta lo que me decían del color de las hojas”. Tenía tanto miedo que no sabía si avanzaba o retrocedía.

24 de diciembre Desperté viéndome como un cuerpo sin piel, una llagada.

31 de diciembre Cuando entré en mi cuarto tuve miedo porque la luz ya estaba prendida y mi mano seguía insistiendo hasta que dije: Ya está prendida. Me saqué los pantalones y subí a la silla para mirar cómo soy con el suéter y el slip; vi mi cuerpo adolescente; después bajé y me acerqué nuevamente al espejo: Tengo miedo, dije. Revisé mis rasgos y me aburrí. Tenía hambre y ganas de romper algo. Me dirigí a la mesa y quise escribir un poema pero temí aumentar el desorden de los libros y papeles. Me mordía los labios y no sabía qué hacer con las manos. Me asustaba saberme andando por la piecita desordenada, con la boca devorándose y la memoria petrificada.

París, 1961

3 de Enero Escríbame, dijo, escríbame de usted. Escríbele hasta que te enredes en los hilos del lenguaje y caigas herida de muerte.

5 de enero El horror de habitarme, de ser- qué estraño- mi huésped, mi pasajera, mi lugar de exilio.

7 de Enero Todo lo que le dije lo arrojaba por inservible. Mi amor en harapos volaba como un paquete absurdo y nauseabundo.

9 de Enero Odio mi cara pues la miro a través de sus ojos. Esta cara no supo fascinarlo.
Amo. ¿Qué se hace en este mundo cuando se ama así?

27 de febrero Imagino situaciones horribles para obligarme a actuar. Así la visión de los clochards para impulsarme a trabajar frenéticamente en la oficina sin pensar en las pocas probabilidades que tengo para llegar a ese estado pues en cualquier momento puedo volver a Buenos Aires- a mi hogar burgués. Lo mismo el viernes pasado cuando vi la obra de Brecht y me asusté mucho como si mi caída en la miseria fuera inminente.

París, 1962

22 de julio Pequeños suicidios silenciosos. Extraño haber caído tan al fondo después de tantas precauciones. Se caminó toda la noche a tientas: no se lloró; no se gimió; ni siquiera se respiró todo lo que se necesitaba. Pero te descubrieron igual. Como si nada.

7 de septiembre. St. Tropez Esta voz aferrada a las consonantes. Este cuidar de que ninguna letras quede sin enunciar. Hablas literalmente. No obstante, se te comprende mal. Es como si la perfecta precisión de tu lenguaje revelara en cada palabra un caos que se vuelve más evidente en la medida en que te esfuerzas por ser comprendida.

28 de Septiembre Escribir un solo libro en prosa en vez de poemas o fragmentos. Un libro o una morada en donde guarecerme.

Diciembre de 1962 (Este fragmento en particular es del diario enviado a Alberto Lagunas)

Y habrá la misma sed, la que no se refiere al agua ni a la lluvia,
la que sólo se sacia en la contemplación de un vaso vacío.

Y apenas aparezco todo se hace imagen lejana que está en un lugar al que accedo si me destruyo y me desmorono.

Alguien invoca, alguien evoca, alguien pide penitencias, remisiones, revisiones. Es la hora de horadarse. La hora del oráculo. Alguien pide treguas, límites. ¿A quién? Vieja historia.

¿Qué podemos pedir sino más sed? Y todo -desde el río hasta
sus ojos amados- para terminar “exactamente como un perro’.
Elle n’en pouvais plus d’exister. Cada instante que pasa es como si me pasara a mí.

-Cuando yo muera ¿quién me lo va a decir? (Esto lo dije, pero
mis palabras eran como máscaras solitarias caminando a la altura de un rostro humano en una tarde de lluvia).

Aún saber que no hay solución me intranquiliza como si la hubiera.
No eres tú la culpable de que tu poema hable de lo que no es. Si habla de lo que no es quiere decir que no vino en vez de venir. Pero ¿por qué hablo con verbos activos como si me hubiera pasado la noche con una espada en la mano?

París, 1963

2 de enero No eres tú la culpable de que tu poema hable de lo que no eres.

2 de Febrero En suma, se trata de un problema musical o de un temblor en ese lugar al que se refieren los demás cuando dice “alma”.

Buenos Aires, 1964

15 de octubre La soledad de cada uno. No ser objeto de las miradas. Mirar en vez de ser mirada. Usar los ojos. Límites. No escribir, no preocuparse por escribir. No jugar a ser Flaubert. S. comprende. La que no comprende soy yo.

19 de octubre Artaud. Deseos de escribir una página sobre su sufrimiento. Su tensión física; sus conflictos con el pensamiento, las palabras. Pero sin retórica, por favor, sin retórica. Lo que me asusta es mi semejanza con A. Quiero decir: la semejanza de nuestras heridas.

Buenos Aires, 1965

18 de abril No escribo más este diario de una manera continuada. Tengo miedo. Todo en mí se desmorona. No quiero luchar, no tengo contra quién luchar. Todo esto es tan viejo, tan cansado. Ojalá pudiera no mentir nunca.

29 de Mayo Sin saber cómo ni cuando, he aquí que me analizo. Esa necesidad de abrirse y ver. Presentar con palabras. Las palabras como conductoras, como bisturíes. Tan sólo con las palabras. ¿Es esto posible? Usar el lenguaje para que diga lo que impide vivir. Conferir a las palabras la función principal. Ellas abren, ellas presentan. Lo que no diga será examinado. El silencio es la piel, el silencio cubre y cobija la enfermedad. palabras filosas (pero no son palabras sino frases y tampoco frases sino discursos).
Imposibilidad de fraguar símbolos. De allí la imposibilidad de escribir obras de ficción.

Buenos Aires, 1966

30 de abril Este no saber dialogar, esta imposibilidad de acceder a los otros, sean personas vivas, sean autores. Il m’a fallu appendre mot par mot la vie. Esta imposibilidad de ver a los demás como seres humanos (nunca miro a los ojos de nadie o si lo hago es para buscar aprobación).
Heme aquí llegada a los 30 años y nada sé aún de la existencia. Lo infantil tiende a morir ahora pero no por ello entro en la adultez definitiva. El miedo es demasiado fuerte sin duda.
Renunciar a encontrar una madre. La idea ya no me parece tan imposible. Tampoco renunciar a ser un ser exc> pcional (aspiración que me hastía). Pero aceptar ser una mujer de 30 años… Me miro en el espejo y parezco una adolescente. Muchas penas me serían ahorradas si aceptara la verdad.

Buenos Aires, 1967

1 de Junio Deseo estudiar muy seriamente el poema en prosa. No comprendo por qué elegí esta forma. Se impuso. Además, está en mí desde mi libro primero. Nunca leí nada al respecto. Poemas en prosa abiertos (con silencios) y cerrados_compactos y casi sin puntos y apartes. Poemas en prosa muy breves _breves como aforismos (Rimbaud- Phrases ). Leer alguna vez -o estudiar más que leer- los de Char, Eluard, Ungaretti, Michaux, Eliot (por Jiménez). Octavio (?). Borges (?). Libros de Chumacel -de los muertos.

Buenos Aires, 1968

14 de Junio Exasperación espacial. Ignoro en dónde están mis escritos. Son demasiados y son demasiado. Imposible saber dónde estoy si antes no los ordeno…

27 de junio Necesidad de romper los textos muy mediocres o simplemente mediocres. Aunque rompa la mitad de lo que tengo escrito, el resto necesita, para curarse y ser reparado, que su autora viva varias vidas. Acaso mi terror a la muerte me lleve a postergar indefinidamente “la obra maestra desconocida” (debo releer este librito, naturalmente)…

Entre sus últimas notas de trabajo se encontro este texto; “No quiero ir nada más que hasta el fondo”.

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