Sonido estándar

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Esta es una reflexión que surgió mientras me encontraba grabando en un estudio profesional.

Creo que ya lo he contado alguna vez. Me disponía a hacer unas tomas de guitarras acústicas, así que desempaqueté una vieja Epiphone que solía usar en directo. Era una guitarra que no sonaba mal pero tampoco especialmente bien, ni fu ni fa, cumplía con su función.

Sentado en “la nevera”, no había terminado de afinar, cuando el dueño del estudio entró con una destartalada guitarra acústica en la mano y me dijo “toma, prueba esta”. Levanté la ceja y enseguida añadió que era consciente de la mala pinta que tenía pero que al grabarla quedaba bien.

La verdad es que nunca he sido muy fan de la moda “relic” en cuanto a instrumentos se refiere y el aspecto externo de aquella guitarra dejaba mucho que desear. Se trataba de una Martin D-1, D-2 ó algo similar, uno de los modelos básicos de la gama “D” de Martin. El acabado de estas guitarras es muy funcional, una fina capa de nitro satinada que ya había perdido por completo, dejando al aire desconchados de madera desnuda, que se sumaban a numerosas marcas de golpes y rayazos. Parecía que la habían arrastrado por una carretera polvorienta durante varios kilómetros.

De todas formas la cogí, la probé y enseguida me sentí completamente incomodo. Las cuerdas se me hacían duras como piedras y el sonido era demasiado grave. “Casi que prefiero usar la mía”, espeté declinando cortésmente la oferta pero el individuo sonrió y me dijo que “ni me molestase en intentarlo”, que no iba a haber manera de hacer una toma decente con el trasto aquel que había traído.

¿Vas a grabar con ese trasto? ni te molestes…Grabé unas cuantas tomas con la malavenida Martin, que por cierto, me dejó dolor de dedos para dos días, entré en la cabina de control para escuchar las pistas y el ingeniero me dijo “mira”, cortó los graves de la guitarra con el ecualizador del canal, le dio algo en los 5500hz y voilá, allí estaba la misma guitarra acústica que se puede escuchar en cualquier disco de rock. “¿De verdad he grabado yo eso?”, pensé con los dedos aun doloridos.

Y es que ni el rock en su acepción más amplia (incluyendo blues, pop, rock and roll, metal…), ni las guitarras acústicas, ni las guitarras eléctricas, ni los amplificadores, ni el equipo que se usa para grabarlas son nada nuevo.

Llevamos oyendo música grabada con ciertos niveles de calidad como para distinguir la calidad de los instrumentos durante más de 50 años. Todo el mundo al que le gusta determinado género musical y tiene cierta predisposición a la melomanía, ha escuchado los mismos grupos, los mismos discos y por tanto los mismos instrumentos, las mismas marcas, los mismos amplificadores, grabados con los mismos micros, a través de los mismos previos y mezclados con las mismas mesas, los mismos ecualizadores, compresores, etc…

Sus oídos están educados para que cierto tipo de sonido les resulte agradable y otros tipos les resulten completamente ajenos, raros o incluso malsonantes. En cierta ocasión, a un coleccionista de guitarras le preguntaban como comenzar una colección y contestaba que lo primero era hacerse con una Telecaster, una Stratocaster, una Les Paul y después alguna guitarra eléctrica de caja.

Sonido estándar

Efectivamente, razón no le faltaba porque esas mismas guitarras, al igual que las Martin en el campo de las acústicas, se pueden escuchar en el 80% de la música grabada durante los últimos 50 años y su sonido se ha convertido en un estándar, que precisamente es el que más gusta, no porque otros instrumentos diferentes suenen peor, sencillamente porque es el sonido al que están acostumbrados nuestros oídos.

En ciertos géneros, como la música clásica, la variedad ha quedado reducida a unos estándares exageradamente limitados. Si nos fijamos en una orquesta, veremos que en cada sección, todos los violines son idénticos, todas las violas son idénticas, los cellos… todos tienen la misma forma exacta, a pesar de que probablemente hayan sido hechos por distintos fabricantes. Pues bien, esos son los diseños de Stradivarious y son el estándar pero existen violines con formas que difieren algo de las líneas trazadas por el de Cremona pero que nunca o rara vez solemos ver, como los Guarneri o los Amati, por nombrar a dos contemporáneos.

Con la música moderna pasa tres cuartos de lo mismo, aunque con un campo algo más amplio en cuanto a estándares; hay una Fender Telecaster, una Fender Stratocaster o una Gibson Les Paul en casi todos los discos que se han grabado con guitarras eléctricas y todos los grupos alguna vez han usado alguna. Si nos vamos al rockabilly entonces nos encontraríamos con que además de las mencionadas anteriormente, que son prácticamente “todoterreno”, el standard es Gretsch. En el punk estarían las Gibson junior y specials. Cualquier género tiene sus sonidos estándar. Si nos vamos a la música surf entraríamos en el campo de las jaguars, jazzmasters y stratos de nuevo. Una Jaguar o una Jazzmaster, no tienen “sonido surf” de por sí. Estas guitarras nos suenan a “música surf” porque se han usado en una cantidad ingente de discos de este género.

Tenemos los oidos educados para que cierto tipo de sonido nos resulte agradable…Con los amplificadores más de lo mismo; Fender, Marshalls, Vox… todos sus modelos tienen un tono similar y el resto de fabricantes han girado más o menos en torno a esos sonidos. Habría quien se sorprendería de saber cuantos amplificadores están basados en los Bassman del 59, empezando por los JTM45.

Los equipos de grabación también tienen sus estándares; micros Neumann, AKG, Shure, previos Neve, Api, mesas SSL, los míticos ecualizadores Pulltec o compresores Fairchild imitados hasta la saciedad. Hasta en el mundo de la grabación digital siguen dándole vueltas a lo mismo. Debe haber cientos de plugins con aspecto retro alegando imitar a alguna de esas viejas glorias analógicas.

Para más inri, casi todos los estudios de grabación tienen una colección de instrumentos, amplificadores y micros que ofrecen a sus clientes como un plus o bajo alquiler y que no por casualidad, suelen ser los estándares que comentamos porque son los que más se usan, los que sus clientes demandan y los que mejor saben grabar.

La moraleja de esta reflexión es que cuando se trata de elegir material de grabación o para directo, instrumentos, amplis y otros equipos, el camino más corto es la línea recta. No es que otros equipos que ofrezcan sonidos diferentes no suenen bien, es que el público por lo general, no está acostumbrado a ellos. La vía fácil es asegurarse primero el sonido estándar y después, si queremos experimentar, probar otro tipo de material.

En todo caso, si grabaste una guitarra que no era tal modelo, por ejemplo que no era una Stratocaster y luego te ves sentado en la mesa de mezclas, devanándote los sesos con el ecualizador para que suene como una Stratocaster, ya sabes por donde deberías haber empezado.

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