El destierro del oráculo

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Hace unos 2600 años, el último rey de Lidia, Creso (560-546 adC), enviaba a sus emisarios a la ciudad de Delfos para consultar el oráculo ya que se preparaba para invadir el territorio persa y quería conocer los augurios. El proceso de consulta requería una cita previa con la pitonisa, un sacrificio al dios Apolo en el altar del templo, o al dios Dionisos si la consulta era en invierno ya que Apolo se marchaba al paraíso septentrional en tal estación, el pago de tasas, y finalmente, solo el día 7 de cada mes, día del nacimiento de Apolo, el consultante podía presentarse en persona para hacer las preguntas oralmente a la pitonisa. Entonces, la pitonisa se retiraba al fondo del santuario y tras entrar en trance al inhalar gases o consumir alguna sustancia alucinógena, emitía su respuesta. En esta ocasión dijo; “Si cruzas el río Halys (que hace frontera entre Lidia y Persia), destruirás un gran imperio”. Creso interpretó la respuesta como favorable y pensó que el gran imperio era el de los persas. Pero el “gran imperio” que se destruyó en aquella guerra fue el suyo, Lidia pasó a poder de los persas y Creso fue su último rey.

La figura del oráculo se remonta a la cuna de nuestra sociedad-sistema, a la antigua Grecia, en la que el oráculo era una institución unida a lo divino. En todas las sociedades anteriores ha existido una figura común, llámese druida para los celtas, shaman para las primitivas tribus siberianas, oráculo para griegos y romanos, todos ellos practicaban algún tipo de interpretación de los signos y adivinación del futuro.

Nuestra sociedad, con el tiempo, ha ido sustituyendo la religión con la ciencia y ha relegado a superchería cualquier hecho no demostrable empíricamente. Primero se desterraron a los dioses y luego se desterró al oráculo, al mezclar lo divino con lo premonitorio.

El oráculo de Delfos

Sin embargo, como hemos visto en los dos últimos blogs, hay casos como el del Titanic en los que han existido una cantidad enorme de premoniciones escritas, documentadas y comprobadas que vaticinaban el fatal suceso. La novela “Futility” de Morgan Robertson podría considerarse como el colmo de las premoniciones ya que se trata de una novela, publicada 14 años antes del accidente, en la que se describe el hundimiento similar de un barco casi idéntico al Titanic llamado “Titan”. Por otro lado W.T. Stead se dedicó a escribir artículos sobre accidentes marítimos a causa de las constantes premoniciones al respecto que padecía, llegándose a embarcar en el mismísimo Titanic y muriendo probablemente extasiado contemplando como sus peores pesadillas se hacían realidad.

A pesar de los dictámenes de la ciencia, parte de nuestra sociedad se niega a prescindir del oráculo y se ha refugiado en un montón de vividores cantamañanas, en forma de astrólogos, hechadores de cartas, videntes y demás fauna que no adivinan nada y viven del teatro, teniendo en cuenta que seguramente habrá honrosas excepciones contadas con los dedos. A esta situación me resulta mucho mas atractivo el oráculo institucionalizado de los griegos con toda su parafernalia y con su pitonisa en trance, ¿qué sentido tiene destarrar al oráculo?.

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