Soñaba con casas vacías

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En mi sueño, mi mente era una casa vacía con los muebles cubiertos de polvo y en desuso. De repente estaba ante la fachada, ahora cubierta por la hiedra, dejando entrever su majestuosidad anterior. La antigua puerta de madera en el centro invadida por las enredaderas, azulada y extrañamente hermosa en su decadencia y de hielo como si fuera la entrada al Eliseo.

Me acerco. Empujo la puerta y se abre. Entro. Contemplo con duda una habitación en penumbra, alta, de unos dos pisos, ante mí unas escaleras que en el primer entresuelo giran a la izquierda. Encima un reloj redondo parado. No puedo recordar la hora.

Instintivamente subo las escaleras a oscuras. Giro a la izquierda en el entresuelo, no me atrevo a alzar la mirada porque el reloj parado me asusta.

Llego al primer piso. A la izquierda debajo de la barandilla hay varios objetos abandonados, me fijo en un piano antiguo tirado, de color gris. En frente de mi una habitación y a la derecha un largo pasillo que al final gira otra vez a la derecha, punto desde el que parece entrar una tenue luz.

Entro en la primera habitación. Veo una gran cama sin hacer, con el edredón azul oscuro retirado a un lado como si alguien se hubiera acabado de levantar, la almohada arrugada y enmohecida por el tiempo, todo cubierto de una espesa capa de polvo, como si hubieran dejado la cama sin hacer y después hubieran abandonado la casa para siempre y ahora yo entrase por primera vez desde entonces.


El aire esta tremendamente cargado y vicia mis recuerdos, una angustia quema mis pulmones y salgo de la habitación cuidando de no tocar nada. Me invade una sensación creciente de repugnancia. La capa de polvo que lo cubre todo es espesa. Se me antoja que mas bien es una costra pegajosa que ha ido formándose con el tiempo, como si fuera la sabía de un arbol corriendo por la corteza y que tocarla es como remover el pasado, idea que me repugna mas aun. Me doy cuenta de que todas las paredes de la casa rezuman esa misma sustancia y cuido no tocarlas.

Avanzo por el largo pasillo, la luz del fondo atrae cada vez mas mi interés. La pared de la derecha es ciega pero a la izquierda hay una nueva habitación como la anterior. La miro desde el umbral, está a oscuras y no quiero entrar. La repugnancia que me ha causado la anterior me previene.

Giro mi cabeza y observo la luz al fondo del pasillo. Antes parecía solo un pequeño rayo de luz colándose desde el recodo de la derecha, pero desde donde estoy ahora se ha vuelto una especie de resplandor que me domina.

Pierdo el control y noto como mis piernas me llevan hacia el fondo. La luz cada vez es mas fuerte. Llego al final y giro a la derecha. La luz ahora me da de frente y me molesta. Veo una puerta entreabierta y una ventana al fondo con la persiana caída por cuyas rendijas entra la luz.

Entro en la habitación. La costra de las pasredes es aun más densa y la sensación de repugnancia todavía peor. La cama sin hacer, las paredes deformadas por la sustancia espesa que rezuman. Noto que el corazón se me va a salir del pecho. La habitación me es extrañamente familiar, se que he estado allí antes pero no consigo recordar. Me acerco lentamente a la ventana cuidando de no tocar nada. Según me acerco, la luz se hace más intensa y molesta pero quiero ver lo que hay detrás de la persiana.

Con mi mano derecha tiro de la persiana con todas mis fuerzas. La luz entra de lleno y atraviesa mis retinas cegándome completamente. La luz me desintegra en tan solo un instante y dejo de existir. Se hace el vacio pero sin embargo aun tengo sensaciones. Por una milesima de segundo he visto lo que había detrás de la persiana pero no el tiempo suficiente como para ser consciente de que era. Se que ha quedado grabado en mi subconsciente y no puedo llegar a él por más que lo intento. Me despierto.

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