La construcción no es el motor de la economía

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Si preguntamos por la calle, todo el mundo sabe que la construcción es el motor de la economía y todo el mundo tiene en su cabeza la idea de que la construcción es algo que no se puede parar y que hay que proteger a riesgo de inminente cataclismo.

Pues bien, desde otro punto de vista podríamos decir que la frase “la construcción es el motor de la economía” es una gran mentira con la que nos han lavado el cerebro. Incluso podríamos ir más allá y decir que la construcción es una mafia que mueve y lava dinero en base a una situación anormal, generada por un mercado inmobiliario en burbuja, que se financia a costa de los bolsillos de todos los ciudadanos que tienen que estar hipotecados de por vida con el beneplácito de los bancos y la espada de Damocles de perderlo todo pendiendo sobre sus cabezas.

Construcción vs inmobiliarias

Cuando hablamos de la construcción tenemos que diferenciar dos sectores aparejados; el sector de la construcción y el sector inmobiliario.

El sector de la construcción refleja la actividad real, el uso de cemento y de acero para edificar tanto viviendas como infraestructuras, el movimiento de tierras, el uso de pinturas para acabados, la urbanización de calles y zonas ajardinadas.

La construcción supone, en promedio, el 18,5% del PIB anual y da trabajo a 2,5 millones de personas, el 12,5% del empleo total que existe en España, que ha alcanzado los 20 millones de personas. Del sector, el 50% es la actividad de construcción de viviendas y el resto son otro tipo de inmuebles e infraestructuras.

De hecho la construcción de viviendas se ha convertido en una actividad muy lucrativa. Una promotora construye un edificio dividido en cientos de cachitos de 40m2 y vende cada cachito por 250.000€. A consecuencia, el promotor se forra pero el valor real del edificio no es tal y el edificio ahí queda en pié, con todos sus inquilinos endeudados y una hipoteca que les obliga a esclavizarse de por vida para pagar su propia cárcel.

Pero el gran chollo no son los cuchitriles de 40m2, el gran chollo es llegar a un pueblecito de apacible ambiente rural, comprar terreno por “cuatro gordas” a los “paletos” locales, recalificarlo a base de sobornar al concejal de urbanismo de turno y hacer 600 turísticos chalecitos y un campo de golf. El campo de golf a ser posible en zona de secano y donde antes estaba un bosque de confieras milenarias porque así no hace falta decorar los laterales del “green” con costosos árboles. Los chalecitos son mucho mas pequeños que los edificios de viviendas, por lo tanto más baratos de hacer y se venden por 40 veces más dinero. ¿Por qué? porque lo que tiene valor real en es el suelo y se ha comprado por cuatro gordas saltándole leyes y sobornando impedimentos.

El sector inmobiliario es aquel que comercia, o trafica, con gran parte de los bienes producidos por la construcción; viviendas, naves industriales y oficinas, básicamente.

El sector inmobiliario es un sector que emplea a miles de personas, mueve millones de euros y realmente no produce nada. Se supone que ofrece un servicio pero en realidad el sector es como entrar en un casino; dentro se mueve dinero pero no se produce nada, simplemente cambia de manos. Este es el sector que fomenta la especulación con la vivienda, hecho deleznable ya que se trata de un bien básico. Para montar una pequeña inmobiliaría, también llamadas “chiringuitos inmobiliarios”, no hace falta más que un pequeño local y una fotocopiadora para rellenar el escaparate con las ofertas.

La lacra de la especulación

Aquí todos somos uno Quijotes; ¿tiene usted en propiedad un piso de al menos 40m2?. Entonces es millonario por decreto, si consigue vender su mansión se embolsará unos cuantos millones. Sin embargo, imaginemos una estancia de 10m2. La raiz cuadrada de 10 es 3,16 así que estamos hablando de una estancia de 3 metros y poco mas entre pared y pared suponiendo que sea cuadrada. Imaginemos cuanto puede costar realmente algo así ¿costaría 6.000€ semejante cuarto, un millón de las antiguas pesetas? Para mis adentros pienso; pues tal vez pero me parece un tanto excesivo, hasta me entran ganas de calcular cuanto costo el montón de ladrillos y la mano de obra para hacerlo, e incluso el valor del suelo compartido en el que está, que es escaso.

El grito de Munch

La realidad es más brutal; hay zonas en las que los 40m2 se pagan a 300.000€. Ese cuarto pequeño que nos hemos imaginado se paga a 75.000€. Y rara vez es un cuarto habitable perfectamente cuadrado, puede ser un pasillo alargado.

Nos hemos inventado un sistema económico de ciencia ficción en el cual el suelo urbanizable es escaso y preciado y los inmuebles construidos hay que pagarlos por mil veces más de lo que cuestan construirse por decreto de las leyes de mercado. Los bancos prestan el dinero necesario a las familias, que deben dedicar un sueldo integro durante 50 años para pagar su deuda, bajo la promesa de que algún día podrán vender por mucho más.

Permitimos que se cree una anomalía de mercado llamada “burbuja inmobiliaria” por la cual nada de lo que pase afecte a los precios de la vivienda que siempre sube con tendencia al infinito y se nos adoctrina para entrar en la rueda, para pagar 40m2 a precios de palacio y a especular con ellos. Y se nos adoctrina para proteger y defender con uñas y dientes el sector de la construcción diciéndonos que es el motor de la economía que se puede hundir bajo ningún concepto y que si cae, no podremos obtener las prometidas plusvalías.

La construcción no es el motor de la economía

Lo que mueve la economía es esa anomalía del mercado inmobiliario llamada “burbuja”. Gracias a ella el sector de la construcción está engordando las espectaculares cifras del producto interior bruto que llena las bocas de los políticos.

Además, el sector de la construcción no es un motor económico deseable. No parece importar que la construcción esté hipotecando la vida de miles de personas o que actue como barrera de entrada en el futuro de las nuevas generaciones. No parece importar tampoco que los empleos que genera la construcción sean en gran medida de obrero temporal mal pagado y que la fortuna que genera el negocio se la lleven unos pocos a base de pelotazos urbanísticos. En tierra de Quijotes el suelo urbanizable se paga a precio de oro por decreto y lo controla un cacique local llamado “concejal de urbanismo” que ostenta potestad absoluta sobre él, solamente limitada por una ridícula ley llamada “ley del suelo”.

Tampoco parecen importar los destrozos ecológicos que pasarán factura sin dudarlo en un futuro y la crisis económica que se avecina cuando el sistema se desmorone y caiga como un castillo de naipes arrastrando a toda industria subsidiaria.

Mientras tanto, en la imaginación calenturienta de un escritor de ciencia ficción, una futurista empresa construye una planta de energía solar, exporta parte de su producción a Francia e invierte parte de sus beneficios en I+D para desarrollar unos paneles solares de mayor rendimiento. Esta empresa sí que sería un motor de la economía; produce un valor real, necesario y de forma sostenible, exporta luego contribuye a que la balanza comercial sea favorable y evita que ese bien energético se tenga que importar de las centrales nucleares francesas. Tan solo ciencia ficción.

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