Leyes de circulación recaudatorias

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A medida que avanza este “trágico verano” del 2007 en las carreteras, se suceden las asombrosas cifras de accidentes, que sorprendentemente y contra todo pronóstico, superan con creces las cifras de de años anteriores en la misma época estival.

Digo contra todo pronóstico porque en un momento dado del año anterior, el estado bananero, mostrando su cara más paternalista, decidió que no había problema más grande que los accidentes de tráfico y se puso manos a la obra para paliar esta lacra. Para tal empeño se articuló un plan en dos fases;

Primero se orquesto toda una campaña mediática de corte artístico y compungimiento para convencer a la opinión pública de la gravedad de la situación. Se invirtieron horas y millones de euros en emitir anuncios por televisión que nos tuvimos que tragar, a cada cual más artístico y estrafalario, que parecían hechos por los publicistas y cineastas más punteros e innovadores del momento.

Hubo anuncios de genero “gore” en donde se mostraban las secuelas de las imprudencias, salpicando la pantalla con sangre y cadáveres frescos dentro de sus vehículos recién accidentados. Otros eran tipo “clase de ciencias” con demostraciones empíricas donde se explicaban las leyes de la física, como aquel de la bola que impactaba sobre unos señores sentados en unas sillas. Otros de tipo testimonial-reality show, con víctimas relatando las secuelas acarreadas en primera persona. Y también los hubo de género surrealista con personajes más propios de película de Tarantino, como el del neurótico amenazador gritando “hazlo por tu madre, por tu mujer, por tus hijos…”.

Este anuncio entroncaba directamente con el ya tradicional slogan tipo canción de Dylan que toda campaña de la dgt que se precie tiene que tener; primero fue el “si bebes no conduzcas”, correctísima frase educativa. Ahora estamos en la época del “no podemos conducir por ti”, con señor contestatario incluido haciendo contra-campaña y oposición soltando un “y quien te ha dicho a ti que quiero que conduzcas por mi”. En las circunstancias actuales seguramente que encajarían mejor eslóganes del tipo “la dgt te vigila”, “los muertos no pagan” o “los lisiados salen caros” pero no nos desviemos.

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Estas campañas contaban con presupuestos millonarios, la del 2004 por ejemplo costó la friolera de 14 millones de euros (2.300 millones de las antiguas pesetas). No pasa nada porque después de preparar a la opinión pública para la que se avecinaba, se aprobaron una serie de leyes con la excusa de prevenir, que han convertido a todo aquel que se ponga al volante en un criminal en potencia por puntos, enfrentado al código penal y objeto de recaudación legalmente institucionalizada y tecnológicamente automatizada, con gps, radares en estratégicos puntos donde jamás ha habido un accidente, helicópteros, aviones espía, satélites y “centros nacionales de denuncias”. Un complejo entramado dispuesto para que toda multa puesta por picoleto sea descontada automáticamente e ipsofacto de la cuenta bancaria.

Pues bien, a estas alturas del verano, las cifras de muertos demuestran que todas estas leyes solo sirven para lo que en realidad fueron diseñadas; para recaudar. Y además con objetivos de recaudación concretos; cito al diario “El Mundo”; “la dgt fijó en 322 millones de euros los ingresos previstos para el 2007 por sanciones y castigos a los conductores”, con multas de hasta 1500 euros automáticos o peticiones de carcel por el execrable crimen de circular a 200 por una autopista desierta.

Por lo visto, el estado de las carreteras no tiene nada que ver con los accidentes. Hace tiempo me preguntaba por qué desde la frontera hasta Toulouse hay una autopista de cientos de kilómetros en línea recta y por qué aquí las autopistas tienen más curvas que un circuito de carreras. La respuesta me la desveló mi amigo Bienve, que es el topógrafo que hizo el trazado del “eje” en Barcelona. También hizo la diagonal de la ciudad condal, así que doy fe de que sabe lo que dice. El “eje” es una carretera que se hizo para desahogar el trafico que pasaba por Barcelona y luego giraba en dirección Lleida. En principio iba a ser una carretera más o menos recta pero acabó siendo una peligrosísima “autovía al infierno” de trayecto sinuoso, con más subidas y bajadas que una montaña rusa y cientos de accidentes. ¿Por qué no se hizo en línea recta? Porque cada cacique y alcalde a lo largo del trayecto quería una salida de la autovía en la entrada de su pueblo.

Y es que cuando hay intereses ulteriores los muertos en carretera importan un bledo. Lo primero es lo primero y ya montaremos después un pariré recaudatorio.

El expediente x de los 120km/h

En un tiempo remoto, una antigua civilización hoy desaparecida decidió que la velocidad máxima permitida para todo ser humano motorizado o en carreta era de 120km/h. Hoy en día se mantiene la misma limitación pero nadie sabe por qué. ¿Por qué 120 y no 121 o 119? ¿Si tan seguro es viajar a 120km/h no sería todavía más seguro ir a 100km/h o incluso a 80? ¿o ya puestos, no viajar y quedarse en casa? La explicación oficial es que las carreteras están testadas para garantizar que son seguras a una velocidad máxima de 120km/h y que si se permitiese mayor velocidad, el estado sería responsable de los accidentes al no estar diseñadas para más. La explicación políticamente correcta es que a 150 se contamina más que a 120. La explicación real es un misterio sin resolver.

Semana santa 2008, magia!

Actualización 10-4-2008; Recojo aquí un rumor que circula por internet. En la semana santa del 2008, a la opinión pública se le vendió que la cifra de víctimas en carretera bajó de la frontera psicológica de los 100 muertos. Pues bien, parece ser que se ha logrado esta reducción igual que como se reduce el paro; cambiando el modo en el que se realizan los recuentos. Por lo que parece y según dicen se puede comprobar en el BOE, ahora la contabilización de víctimas se hace asi;

Antes del 2008 se consideraba fallecido;

  • Si la víctima fallecía dentro los 30 días siguientes al accidente.
  • Si la víctima fallecía en accidente, bien en carretera o travesía urbana.
  • Si la víctima fallecía conduciendo un camión, autobús, furgoneta o cualquier otra clase de vehículo.
  • Si la víctima fallecía independientemente de la edad que tuviese.

A partir del 2008;

  • Ahora solo se cuentan los que fallecen dentro de las 24 horas siguientes al accidente, es decir que si la víctima fallece a las 24 horas y 1 minuto ya no eres un muerto en accidente.
  • Si la víctima fallece en una travesía urbana no es un muerto, solo se contabiliza si fallece en una carretera.
  • Si la víctima fallece conduciendo un camión, autobús, furgoneta, tampoco cuenta, ahora entran en la estadística y pasan a ser “accidente laboral”.
  • Si la víctima fallece con 69 años y 364 días, es una víctima de accidente, si lo hace con 70 años cumplidos no se contabiliza como muerto por accidente, se computa como “otras causas”.

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