La ventana indiscreta

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Desde mi ventana contemplaba la visión mas horrenda de todas mis pesadillas. Bloques de ladrillos y cemento amontonados, pegados los unos con los otros, sin orden ni sentido. Torres desafiando a los dioses. Paredes sucias y deformadas sin el mas mínimo atisbo de arquitectura. Sin paisajes. Cárceles por las que se pagan fortunas que no se poseen. Cárceles por las que se hipotecan vidas enteras.

Calles iluminadas por farolas robando la noche. Sin estrellas en el firmamento. No hay estrellas en la gran ciudad, no se puede descansar de la luz.

El insomnio me vencía y observaba sin tregua. A veces se encendía una luz en la noche y se apagaba otra. A veces venían los carros de la muerte con sus sirenas anunciando que una jaula quedaba libre. Retiraban los restos de sus moradores y pronto otros la ocupaban. El ente se realimenta devorándonos hasta la extenuación y después de la extenuación nos recicla. Mas allá, la nada de cada día.

Angeles caídos siempre volviendo a casa por la mañana pero condenados a nunca llegar.

Por la ventana contemplaba el abismo que me aguardaba y solo me quedaban fuerzas para cerrar los ojos y refugiarme en mi rincón. La consciencia es el peor de los pecados.

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