Defenestrando a John Fogerty

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Ver un concierto de John Fogerty es como saltar en el tiempo a finales de los 60 y estar viendo a la mítica Creedence & Clearwater Revival en directo, de la cual Fogerty era vocalista, compositor, alma-mater y con el trasfondo de la guerra de Vietnam empañándolo todo. Más aun cuando canta “Deja vu all over again”, dedicada a la segunda guerra de Iraq y parece que un país está en las mismas de siempre.

Desde la ruptura de la Creedence tras el desastre del Mardi Grass en 1972, Fogerty ha seguido en la misma línea de trabajo y sonido, interrumpido con frecuencia por disputas legales. En la primera ocasión, tras su segundo album en solitario, “John Fogerty” de 1975, fue acusado por la editora de su anterior sello, Fantasy Records, de tener un sonido muy parecido en solitario al sonido que tenía con la Creedence y de plagiarse a si mismo.

Ganó el pleito, grabó un album más, el Hodoo y se retiró asqueado del negocio musical hasta 1985, año que regresó con el Centerfield, que incluía un tema, “Zanz Kant Danz”, en el que llamaba “cerdo avaricioso” a su anterior jefe en Fantasy Records, Saul Zaentz, ganándose así su segunda demanda y siendo obligado a cambiar el título del tema a “Vanz Kant Danz”.

No resarcido de la afrenta, Saul Zaentz le metió una tercera demanda, esta vez alegando que el tema “The Old Man Down The Road” del Centerfield se parecía demasiado al “Run Through The Jungle” de la Creedence. En esta ocasión Fogerty protagonizó uno de los juicios más insólitos de la historia del rock al presentarse guitarra en mano en un judgado, de los de película americana con tribunal popular incluido, donde para defenderse se puso a tocar explicando que uno toca como toca y que no se plagia así mismo.

Fogerty ganó, pero no contento y seguramente acordándose de la madre que parió Peneque, denunció a Saul Zaentz reclamándole las costas del tercer juicio a las que según la ley americana se tiene derecho si se es victima de una demanda frívola, entrando así en un entresijo legal que acabó en el tribunal supremo con sentencia a favor y sentando jurisprudencia en el sistema legal americano, tras el cual nadie ha tenido el atrevimiento de volver a demandar al señor Fogerty.

En 1986 publicó “Eye of the Zombie” pero la acided de estómago causada por los juicios le llevó a retirarse otros 11 años asqueado del negocio musical hasta 1997. En 1993 se negó a asistir a la ceremonia de inducción de la Creedence en el Rock and roll hall of fame por no cruzarse con sus tres excompañeros que habían respaldado a Saul Zaentz en sus demandas.

John Fogerty

Dejando atrás el parbulario reaparece en 1997 con un discazo, “Blue Moon Swamp” y después con el Premonition, en cd y en dvd en directo, que contenía temas de la Creedence sin que a estas alturas nadie se atreviera a alegar ni media, a pesar de que Fantasy Records mantuvo los derechos sobre los temas de la Creedence hasta que fue comprada en el 2004 por Concord Records. Después otro discazo, el “Deja vu”, el “The Long Road Home”, cd compilatorio de temas de Fogerty y la Creedence, tras que Concord Records tomase medidas para devolver los derechos de los temas de la Creedence a Fogerty, expoliados desde 1970, con versión en directo en formato dvd en el 2006.

La historia de John Fogerty demuestra como en el mundo de la música siempre ha estado plagado por una serie de individuos-parásitos indeseables que no aportan nada a la música, dispuestos a cargarse a un artista al precio que sea por meras fantasías especulatorias. Simplemente se limitan a no hacer y a no dejar hacer. Al que tiene algún talento y reniega de asumir el rol de analfabeto ignorante figurín maleable, se le hunde en la miseria y en el ostracismo a toda costa, por peligroso y subversivo. Digo esto siendo consciente de la contradicción que implica “tener algún talento” con ser un figurín. Todo lo que dejó de hacer Fogerty y otros artistas por culpa de individuos como estos es lo que el público se tiene que perder a cambio de horas y horas de pachangas intragables.

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