Revolution Nº1 – Insumisión social

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Alguien dijo una vez; “¿y si mañana hay una guerra y no va nadie?”. La insumisión, referida al servicio militar obligatorio, es el único método que he visto triunfar dando la vuelta a un sistema establecido bajo el marco de una supuesta democracia, amparada en un estado “de derecho”. “De derecho” era obligar a los jóvenes a coger las armas durante un año forzosamente, como “de derecho” es hipotecar vidas a 50 años por el acceso a la vivienda. En el caso militar, ¿qué iban a hacer las autoridades? ¿llenar las cárceles de gente cuyo delito era negarse a hacer “la p**a mili”?. El sistema cayó por su propio peso.

Podríamos emplear la misma medicina en la cuestión del acceso a la vivienda. Es decir, que una “revolución francesa” sirve para derrocar una monarquía absolutista, ¿pero como se derroca un sistema o situación injusta establecida dentro de una democracia y una constitución?. Recordemos que el acceso a la vivienda está amparado por el tristemente célebre artículo 47 de la constitución. Ningún político de ningún bando ha movido un dedo para defenderlo ni lo van a mover, en vez se dedican a hacer semáforos con muñequitos con falda en pos de lo políticamente correcto.

La respuesta podría ser la insumisión social. ¿Que pasaría si mañana nadie comprase un piso, firmase una hipoteca o todos los que tuvieran una se negasen a seguir pagándola?. Lo surrealista es que ahora promover el “no endeudamiento” resultará ser un acto revolucionario y de rebelión social pero en fin. Algunas más y otras menos utópicas, estas serían algunas medidas de insumisión social;

– Si todo el mundo dejase de abonar las cuotas de su hipoteca a la vez, los bancos no podrían ejecutarlas todas juntas y tendrían que renegociarlas a precios justos.

– No comprar pisos ni entrar en alquileres suicidas. No contratar nuevas hipotecas.

Jose Perdicion - Revolution nº1

– No votar, nada puede desacreditar más una legislatura que la abstención masiva. Tenemos el ejemplo reciente de la fallida constitución europea. Puestos a votar, votar por partidos minoritarios cuyo programa político sea solucionar el problema de la vivienda (me temo que no existe ninguno) y ya que estamos; solucionar la precariedad laboral, la reforestación y el uso de energías limpias/renovables. ¿Por qué votar a un partido tal? Porque nuestro sistema supuestamente democrático ha derivado en una especie de “dictadura democrática” aberrante en la que solo puede gobernar el partido A ó el partido B, sin embargo el sistema fue diseñado para ser más papista que el papa y ante una mayoría no absoluta de A o B, un partido pequeño puede tener la llave del gobierno. El partido A ó el partido B tendrían que pactar con un partido al que solo le preocuparía el problema de la vivienda y cuatro más.

– No abrazar ninguna institución social; no casarse por lo civil ni divorciarse. Al fin y al cabo el matrimonio civil no es más que un contrato por el que se juntan dos sueldos para pagar una hipoteca, donde se decide el régimen fiscal y lo que pasará en el momento de su disolución. Llegará el día en que triunfe el pragmatismo y la boda se celebre en el despacho de algún banco, que es donde de facto se consuma el matrimonio en el momento de firmar la hipoteca.

Otras medidas de insumisión social no directamente relacionadas con la vivienda tendrían que ver con temas como paliar la precariedad laboral, lo que haría más llevadera la losa de la hipoteca, o castigar el consumo interno para reducir la inflación sin que tenga que venir Trichet a subir los tipos y por tanto el temido euribor. Por ejemplo;

– No aceptar contratos basura ni condiciones laborales precarias. Si nadie aceptase un solo contrato basura no existirían.

– Auto-emplearse creando sociedades de responsabilidad limitada, se acabó la precariedad laboral impuesta, ahora como mucho sería voluntaria. El capital social necesario no asciende a mucho más de 3.000€ y en caso de quiebra la responsabilidad está limitada al capital de la empresa. Existen las sociedades de responsabilidad limitada unipersonales.

– No comprar ningún producto que se publicite. La publicidad supone un lavado de cerebro continuo e insufrible al que estamos constantemente sometidos. Cuando llegué por primera vez a Inglaterra entraba a un supermercado y no conocía ninguna marca. Pasaba que no estaba afectado por la publicidad. Al final acababa comprando lo más barato o lo que tuviese aspecto más salubre. Ante un arroz del mismo aspecto ¿qué más me da si es marca Smith’s que Brown’s? La diferencia en precio es la publicidad que luego me tengo que tragar así que mejor no la financio y hago inefectiva la inversión en marketing.

– Para los aficionados a los placeres del vino; ante el vicio de cobrar las copas a precio de champagne francés y amenizarlas con pachangas insufribles, la virtud del botellón-indoor. Lo mismo para el resto del ocio; ante el vicio de cobrar una entrada de cine y unas tristes palomitas por el salario bruto de un día de un mileurista, la virtud del home-cinema o el placer de la lectura, u otros placeres. ~>

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