Este año no tomaré el sol

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Tengo un conocido al que le salió una mancha en la nariz. Al principio parecía un lunar pero poco después empezó a supurar y tras una visita al médico se confirmó que era un cáncer de piel causado por el sol. Esto sucedió en la primera mitad del 2007.

Como la operación consistía en cortarle la piel de la nariz, estirarle el papo y cosérselo encima, requería un cirujano plástico y por lo visto, en la seguridad social deben estar muy solicitados porque hasta Septiembre no le dieron fecha para la intervención.

La operación de Septiembre iba a ser en Madrid pero como venía de otra comunidad autónoma, no aceptaron su ingreso. En la comunidad autónoma a la que pertenecía le dieron nueva fecha para Mayo del 2008. En Mayo del 2008 lo que antes era un puntito pequeño ahora había crecido de mala manera y era una gran mancha negra. No se exactamente el motivo pero la operación de Mayo se canceló y finalmente decidió ir a una clínica privada donde le hicieron finalmente el corte. Tenía que volver a la misma clínica en Septiembre para que le hicieran la cirugía estética y le recompusiesen la cara pero algo debieron ver los médicos porque de nuevo aplazaron la operación y decidieron administrarle unas sesiones de quimioterapia.

Coney Island por Weegee

La OMS (organización mundial de la salud) calcula que 4 de cada 10 personas desarrollaran uno de estos canceres, incidencia que se ha triplicado en 40 años y que se carga el 65% de los afectados. También explica que el sol emite tres tipos de rayos ultravioleta; A, B y C y que sobretodo los B son los causantes de las quemaduras, el cáncer de piel y la producción de radicales libres que causan envejecimiento prematuro. Afortunadamente, continua, la capa de ozono frena la entrada de estos rayos en la tierra pero claro, desafortunadamente resulta que la capa de ozono está agujereada por culpa del destrozo medio ambiental causado por el hombre. Y concluye advirtiendo que el tiempo de exposición solar sin riesgo y sin haberse aplicado crema protectora es de 20 minutos.

Desde hace 40 o 50 años se nos ha venido inculcando la costumbre de broncearnos en la playa llegándose a convertir en una necesidad para muchos individuos. Llegado el verano, urge acudir a la playa para obtener el preciado bronceado y la gente se hecha a la carretera en masa como si fueran autómatas programados, soporta kilométricas caravanas durante horas, abarrota destinos turísticos playeros, paga fortunas por hoteles y apartamentos a pie de playa, por “consumiciones” en chiringuitos y gran parte del día la dedica a estar tumbada en una playa, hacinada en un metro cuadrado de arena y rodeada de otros cientos de miles de individuos que hacen lo mismo; torrarse al sol. Después de una quincena realizando la misma actividad, regresarán a sus lugares de origen con la piel cambiada de color y se deleitarán comentado o incluso alardeando de las maravillosas vacaciones recién vividas ante las caras de envidia de sus compañeros de trabajo.

Viendo como le ha quedado la cara a ese conocido mío tengo sobradamente claro que no merece la pena. Además, ahora resulta que la adicción al bronceado se ha convertido en una endermedad cuyo síndrome recibe el nombre de tanorexía.

Coney Island por Weegee

Los sucesivos gobiernos paternalistas que sufrimos se ocupan constantemente de repetirnos lo malo que es fumar, beber alcohol, lo peligrosa que es la carretera y se esmera en prohibir el consumo o en criminalizar a todo el que se ponga al volante pero, ¿qué pasa con el sol?. Si la previsión de incidencia de cánceres de piel de la OMS es cierta; 4 de cada 10, o lo que es lo mismo, 2 de cada 5, ¿por qué no se prohíbe y criminaliza también tomar el sol o se cierran las playas con letreros del tipo “2 de cada 5 de los que pisen esta playa morirán de un cáncer de piel”? La respuesta es muy sencilla; porque se cargarían gran parte de la industria del turismo, fuente principal de ingresos de este país subdesarrollado, cuya única virtud parece que es disponer de grandes superficies arenadas al lado del mar, si es que todavía no han sido enladrilladas.

Por otro lado, la publicidad se ha encargado durante estos 40 años de que las pieles tostadas por el sol transmitan una imagen saludable, cuando en realidad debería ser todo lo contrario. De hecho, los hay con el cerebro completamente lavado por la publicidad y recalentado por el sol, que cuando te ven con la piel blanca en pleno Agosto, se empeñan en comentarte sin disimular cierto aire de indignación – y sin que nadie les haya preguntado, “lo blanco que estás”, “el mal color que tienes” o “el aspecto mortecino que desprendes”.

Así que este año tampoco tomaré el sol. Seguiré con mis hábitos vampíricos, caminaré de sombra en sombra y me buscaré alguna diablesa que prefiera emplear el tiempo en otras actividades antes que cocerse al sol.

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