La visita del gran buho blanco

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Era noche de otoño o invierno y no hacía mucho frío. Estaba solo, asomado en mi ventana, que daba a una pequeña plaza, desierta y ampliamente iluminada por dos farolas, disfrutando de una brisa fresca y mirando la luna. De repente, al fondo de la plaza y a mi derecha, ví medio de reojo como aparecía de la nada un enorme pájaro blanco que se dirigía directo a mi ventana.

En un primer momento y todavía de reojo, creí que se trataba de una gaviota extraviada, de las muchas que sobrevuelan cualquier ciudad del mar, pero al concentrar mi mirada en el animal me di cuenta de que se trataba de un hermoso y gran buho blanco. Los pocos segundos que pude verlo quedaron grabados en mi retina; era enorme como jamás pensé que pudiera ser ningún pájaro, sus plumas eran blancas, con algunas pocas motas grises en sus alas y en su cabeza, que le daban un aspecto gélido y que relataban sus muchos inviernos.

Enseguida quedé hipnotizado por sus grandes ojos amarillos, que se habían clavado en los míos y que me confirmaban que se trataba de un buho. Fascinado por la visión, había olvidado que el animal se dirigía directo a mi ventana y solo en el último instante conseguí librarme del embrujo de su mirada y echarme hacía atrás asustado, creyendo que el pájaro se estamparía en mi ventana. Sin embargo, el animal, también en el último instante, giró bruscamente hacía mi izquierda pasando a ras de la fachada y desapareciendo de nuevo en la oscuridad.

El gran buho blanco

Al principio no di importancia al suceso, pero algunos años después aun seguía rememorandolo con frecuencia. Como el recuerdo era tan cristalino, me dispuse a investigar que es lo que había visto. Un repaso de fotos en un libro técnico me permitió identificar la especie animal que más se aproximaba a lo que ví; se trataba de un gran buho blanco, conocido también como buho de las nieves o técnicamente Bubo (Nyctea) scandiaca.

Según el libro, su habitat natural son las zonas de tundra cercanas al ártico alrededor del mundo, así que era muy extraño haber observado uno en estado salvaje tan al sur, en el norte de la península ibérica y en una ciudad. ¿Qué extraño motivo habría llevado a aquel buho a realizar tan largo viaje para casi quedar estampado en mi ventana?

Intrigado, decidí indagar en el aspecto esotérico del asunto. Las leyendas europeas sobre apariciones repentinas de buhos son más o menos similares y tienen dos vertientes. Una se remonta a los antiguos romanos, que lo consideran un pájaro de mal agüero ya que su visita anuncia la muerte de algún familiar. Sin embargo los años han pasado y ninguno de mis parientes ha fallecido. Otra, se remonta a los antiguos griegos donde el buho se consideraba un ser de sabiduría y se asociaba con la diosa Atenea.

Al margen de estas dos, que no me decían nada, en Europa no encontré ninguna leyenda o creencia sobre grandes buhos blancos en concreto. Donde las apariciones de buhos si que resultaron ser de relevancia es en las culturas shamanicas, tanto siberianas como americanas. Para algunas tribus los espiritus podían reencarnarse en buhos y llevar mensajes desde el más allá. Para otras tribus eran aliados de algunos shamanes, tanto para curar como para hacer daño a tribus enemigas, y sus plumas objetos de poder.

De nuevo, todo parecía conducir hacia el shaman.¿Era el shaman que trataba de comunicarse desde su tumba? Todavía no lo se. (o)v(o)

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