La importancia de llamarse Ernesto

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Mientras estaba trabajando 14 horas al día para un n****ro c***ón h**o de p**a, desplazado a 640km de mi casa, Ernesto se estaba construyendo un palacio de mil millones de las antiguas pesetas con cargo al erario público. Tengo un recuerdo especialmente vivido de aquel día porque la publicación de la noticia coincidió con una huelga general y en la empresa que yo trabajaba, se había pasado una nota con órdenes de despedir a todo trabajador que hubiera secundado dicha huelga, orden que se cumplió de forma inmediata produciéndose varios despidos aquel mismo día.

Y es que llamarse Ernesto imprime carácter. De hecho el mundo se divide en dos categorías; los que se llaman Ernesto y los que no. Ernesto vive en su pedestal, ajeno a las miserias del populacho, que está condenado a mantenerle a cuerpo de rey a él y a todos sus descendientes por que así lo impone una constitución dictada bajo el amparo de una supuesta democracia, en un artificio inventado y bautizado como “monarquía parlamentaría”. De esta forma se asegura la manutención de toda la casta de Ernestos, tanto presente como futura, sin más justificación/excusa que la tradición histórica proveniente del sistema feudal del medievo y que en un momento histórico dado de 1975, las circunstancias parecían hacerlo conveniente a ojos de unos señores para evitar otros males.

Y ojo!, que al populacho no se le ocurra protestar ni medía, porque el código penal dispone de dos artículos en previsión de tal eventualidad;

Artículo 490.3; El que calumniare o injuriare al rey o a cualquiera de sus ascendientes o descendientes, a la reina consorte o al consorte de la reina, al regente o a algún miembro de la regencia, o al Príncipe heredero de la corona, en el ejercicio de sus funciones o con motivo u ocasión de éstas, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años si la calumnia o injuria fueran graves, y con la de multa de seis a doce meses si no lo son.

Artículo 491 del Código Penal; 1. Las calumnias e injurias contra cualquiera de las personas mencionadas en el artículo anterior, y fuera de los supuestos previstos en el mismo, serán castigadas con la pena de multa de cuatro a veinte meses. 2. Se impondrá la pena de multa de seis a veinticuatro meses al que utilizare la imagen del rey o de cualquiera de sus ascendientes o descendientes, o de la Reina consorte o del consorte de la reina, o del regente o de algún miembro de la regencia, o del príncipe heredero, de cualquier forma que pueda dañar el prestigio de la corona.

Revista El Jueves

Si te llamas Ernesto y ponen una caricatura tuya en la portada de una revista que se publica los jueves y en la que te caricaturizan perpetrando un acto reproductorio, la justicia pone en marcha toda su maquinaría legal y un juez ordena al viernes siguiente que se secuestre dicha publicación, incluida su web y que caiga todo el peso de la ley sobre sus viles autores, como si estuviéramos en plena era fascista o absolutista. Solo faltaba desempolvar el garrote vil, hablando de vilezas.

Si en tal revista se hubiera caricaturizado a la madre de cualquiera de nosotros sodomizada por un perro, nadie habría secuestrado nada “de oficio” y seguramente para exigir tal secuestro hubiéramos tenido que contratar a varios abogados, acudir a un juez y enfrentarnos a un tortuoso proceso legal que podría durar años.

Pero no nos asombremos. Si naces Ernesto te bautizan en una pila de plata con agua traída del Jordán, también con cargo al erario público, no basta con un remojón en el río como hizo el fundador de la religión en cuestión. Si te llamas Ernesto vives en un palacio con cargo al erario público, tienes un yate enorme con cargo al erario público y un presupuesto de 8,29 millones de € al año con cargo al erario público, además de poder transmitir tus “derechos” a todos tus herederos tanto si son legítimos como si no.

Y es que ni yo ni ninguno de nosotros nos hemos inventado la monarquía ni sus reglas pero tiene reglas dictadas por los mismos monarcas. Por ejemplo hay una sobre los matrimonios morganáticos (casamiento de noble con plebeyo) por la cual si lo cometes pierdes todos tus derechos al trono y estas obligado a abdicar. Esta regla la estableció Carlos III en la sanción de 23 marzo de 1776 y fue ratificada en la Pragmática Sanción de 1830 de Fernando VII, que sigue vigente para la realeza y que obligó a abdicar el primogénito de Alfonso XIII y que, además, se utilizó para negar la sucesión a Don Jaime de Borbón. Según esta regla la revista que se publicó el jueves no estaría vulnerando los artículos 490.3 y 491 pero claro, olvidaron recoger la norma cuando se redactó la constitución y solo pesa lo que está escrito.

Sin embargo si que se recogió otra regla; la “ley sálica”, que no permite a las Ernestas heredar el trono y que provocó 4 guerras carlistas con miles de muertos tras ser derogada en la Pragmática Sanción de 1830 de Fernando VII al quedarse este sin heredero varón.

No hay problema porque si te llamas Ernesto puedes cambiar la constitución de un plumazo cuando te venga en gana en pos de lo políticamente correcto según la época y con la excusa de construir una “monarquía moderna” cuando lo único moderno que puede hacer una monarquía en el siglo XXI es desaparecer y dejar de chupar del bote.

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