El silencio es oro

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Georges Braque, que era un pintor francés, decía que “el jarrón da forma al vació y la música al silencio”. Desde este punto de vista se podría decir que para los que hacemos y grabamos música el silencio es una materia prima más. Aun más; sabemos que el silencio es un bien escaso y que el silencio cuesta caro, tanto que se diría que es un bien prohibitivo.

La mayoría de la gente no parece echarlo de menos y rara vez se deleita con él. Por contra, los hay que lo consideran ofensivo, que no permiten un instante vacío de sonido, y en el lenguaje contamos con frases hechas como “silencio sepulcral” que relacionan el silencio con los malos augurios.

En las ciudades no existe el silencio a no ser que sea creado artificialmente mediante aislamientos acústicos; obras perpetuas que no terminan nunca, martillos picando piedra, horrendas máquinas que no descansan nunca, tráfico que no cesa, aviones pasando cada cinco minutos, chiquillería, balonazos, perrería, bares, vecinos recreando escenas de “un tranvía llamado deseo”. El estrés de los sentidos es constante.

Grabar música fuera de una cabina insonorizada se puede convertir en el infierno más grande que se pueda imaginar, por no decir empresa prácticamente imposible al carecer de materia prima. Es curioso como nuestra sociedad al pretender dar valor a todas las cosas que no lo tienen convierten en oro puro las cosas que a priori no tienen valor porque las arranca y las extirpa miserablemente. El silencio es oro.

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