Me han regalado una cuchilla de afeitar

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Hace unos días la recibí en un pequeño paquete que habían dejado en el buzón a mi nombre. Gracias a dios no me suele llegar mucha publicidad y no tengo ni la menor idea de cómo esta empresa había dado con mi nombre y dirección, ni como sabían que tengo por costumbre afeitar mi lampiña barba en cuanto asoma. Al ver el paquete me imaginé que se trataría de algún asunto publicitario pero he de decir que me sorprendió abrirlo y encontrarme con una flamante cuchilla de afeitar, último modelo, de esas hechas en metal con formas aerodinámicas imposibles, para las que venden recambios.

Supongo que si la mafia te enviase una cuchilla de afeitar, o una secta satánica, o una orden masónica… el mensaje tendría un significado poco agorero pero en este caso intuí donde estaba el truco y enseguida me vinieron a la cabeza las palabras de Julio Cortazar en su ahora conocida cita filosófica; “cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, […] te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, […] no te regalan un reloj, tú eres el regalado. Y es que aquel instrumento maléfico tenía más cuchillos que un carnicero, a saber; 5 cuchillas por la parte delantera más una adicional por la parte de atrás, “de precisión para las patillas” decía el panfleto explicativo adjunto. En aquel mismo instante, puse de nuevo la cuchilla en su caja y la guardé en un cajón, “para algún caso de emergencia”, me dije.

Varios días después, mientras compraba provisiones en una superficie comercial, solo hizo falta una visita a la sección de utillaje de afeitar para confirmar mis sospechas y soltar una carcajada; 8 cuchillas de recambio para la afeitadora en cuestión costaban 30€. Hay que ser un genio para sacar 5.000 de las antiguas pesetas por 8 minúsculos recambios de cuchilla de afeitar. Se entiende que la maquinilla te la den gratis o que te la entreguen a domicilio sin pedirla.

Gillette

Un día te vas a hacer la compra y si te descuidas ya te has dejado 30€ solo en cuchillas de afeitar. Luego, gobierno tras gobierno de turno insiste y persiste en que la inflación no existe pero la perdida de poder adquisitivo es palpable. Y es que para hacer el cálculo de la inflación se analiza la evolución del precio de una cesta de la compra compuesta por 491 artículos, algunos tan insólitos como la cirugía plástica. Un gobierno podría proponerse ejercer un control férreo sobre esos 491 artículos en concreto y no dejar que suban de precio. Entonces la inflación desaparecería como por arte de magia borrada de un plumazo.

Si embargo en otras escuelas enseñan distintas fórmulas para calcular la inflación. Por ejemplo hay una fórmula muy malvada que consiste en restar al incremento de la masa monetaria M3 el crecimiento del PIB. Es decir, restar al incremento del dinero el incremento de la producción, o dicho de otra forma, que si averiguamos cuanto dinero hay de más respecto a los bienes que se han producido entonces sabemos la inflación real. La pega es que la masa monetaria la calcula el Banco Central Europeo desde que desapareció la peseta y el dato no está tan localizado, con los billetes de 500€ circulando por debajo de todas las mesas, aunque podemos hacernos una idea de por donde van los tiros.

El incremento de M3 en la zona euro en Junio del 2007 según el BCE fue del 10,7% y el PIB del que alardea el gobierno bananero es del 3,7% -> 10,7% – 3,7% = 7% Estaríamos hablando de inflaciones reales del 7%!!. Claro que los sueldos los actualizan con el dato falseado/erroneo del 2%, así podemos demostrar numéricamente que hay una perdida real de poder adquisitivo de al menos un 4% y esta es una perdida que se produce año por año en diferentes cuantías.

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj…La cita completa de Julio Cortazar es; “Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”.

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